Diario Zombi

- El nuevo diario zombi -

martes, 19 de abril de 2011

Capítulo 20 - Mi primera batalla (Miguel)

Día 35 (madrugada): Hola de nuevo, se me hace raro que no hayas escrito, espero que vaya todo bien. Estoy a salvo pero aún estoy ordenando mis ideas. Al final, he tenido que precipitar mi escapada. Hace 3 días, mientras intentaba escribirte mis descubrimientos, escuché unos ruidos detrás de la puerta, como bien sabes. Me acerqué sigilosamente, pero ya no se escuchaba nada. Cuando alcancé la puerta, deslicé la mirilla y lo que vi, me dejó petrificado. Los ojos blancos de un muerto viviente estaban clavados al otro lado, no se movía, pero sí se oía el profundo y un tanto pitidoso sonido de su respiración. Un olor putrefacto se filtraba por las rendijas de mi puerta, mientras unas inesperadas arcadas, atormentaban con hacerme devolver. Estuve unos segundos paralizado sin saber qué hacer, estaba claro que no se iba a mover de allí y que cualquier sonido lo iba a alterar... Dios, estaba temblando. Con sangre fría, recordé lo de las manchas por el cuerpo, pude identificar que se trataba de un zombi en fase 1. Lo que en ese momento se me pasó por la cabeza no lo sabría explicar, sólo sé, que una euforia resultado del terror y de la adrenalina, me hizo abrir la puerta de golpe. El zombi soltó una especie de rugido al verme y se abalanzó sobre mí. 

Lo había hecho tan... sin pensar, que no tenía ningún arma a mano, así que de manera instintiva, en el momento que se me abalanzó, le solté una tremenda patada frontal (Mae geri en Karate), que le hizo caer al suelo. Me dirigí hacia él corriendo para impedir que se le vantase y le propiné patadas en el torso y diafragma, hasta que oí como se le partían varias costillas. Estaba completamente exhausto y me aparte unos 2 metros para observarle y descansar. A cualquier persona normal, le hubiese creado una lesión grave que le hubiese incapacitado por muchos meses, pero a este ser no. Como si nada le hubiese hecho, giró su cabeza hacia mí, me miró endemoniadamente y trató de ponerse de nuevo en pie... digo intentó, pues tal le vi las intenciones, le golpeé nuevamente con la pierna de manera muy violenta en la cara y tal cual caía golpeándose fuertemente en la nuca, pegué un salto y sin apenas darle tiempo a reponerse, con el talón de mi bota le golpeé con todas mis fuerzas en la cabeza partiéndole el craneo y desparramando parte de sus sesos y esa oscura sangre, por el suelo. Acto seguido me puse a devolver, la mezcla de estrés, mal olor y un desgaste total de mis fuerzas, hicieron que mi estómago no lo pudiera soportar más. 


Supongo que las buenas noticias son, que las artes marciales sirven, pero si esta es la resistencia fícica de un zombi de fase 1, prefiero no pensar en cómo son en sus siguientes fases... 

Como ya tenía casi todo lo que me quería llevar preparado, cogí las llaves del coche, mi portátil, los carteles que ya imprimí con la dirección del blog, cuchillos, víveres, ropa y alguna cosa más e improvisé un plan de escapada basado en uno que estaba acabando de perfilar. Mi primer plan era sencillamente, coger unos petardos que me quedaban de una celebración, y hacerlos estallar tirándolos por la ventana, pues el acceso al garaje está justo en la parte trasera de donde da mi terraza. De manera que, si los tiraba desde mi casa, alejaría de la entrada del garaje a los zombis y podría salir con el coche sin encontrarme a ninguno de ellos, pero la visita de mi vecino me había dado una idea para perfeccionar el plan. Cogí los petardos, estiré la mecha lo máximo que pude para que aguantasen lo máximo y no estallasen en el aire, arrastré al zombi por mi casa hasta la terraza, no sin antes tomar las medidas necesarias para no infectarme con su sangre, le enrollé toda la traca y lo eché como pude, por la terraza. Pensé que el olor de la sangre de uno de sus compañeros sumado al estruendo de los petardos, les atraería, y creo que acerté, salvo por uno.

Esta vez bajé las escaleras pitando hasta que llegué a la planta calle. Cuando llegué abajo, un nuevo escalofrío golpeó mi pecho. Ya no se veían zombis cerca de mi garaje, pero sí estaba el mismo que escuché gritar días atrás y que había tratado de darme caza en mi paseo en moto. Estaba inmovil al otro lado del portal. Me quedé paralizado sin saber qué hacer, si alcanzaba la puerta del garaje me vería y se volvería loco, si esperaba mucho tiempo perdería mi única oportunidad de salir con vida. La idea de enfrentarme a él estaba descartada pues era un zombi en fase 2, y viendo mi enfrentamiento con el de fase 1 y lo que tú me habías contado... Me armé de valor y me dirigí corriendo a la puerta del garaje, nada más llegar al portal, él me vió, pegó un grito tremendo y empezó a golpear violentamente la puerta, tenía un aspecto más demoniaco que el que había matado y un estado de putrefacción mucho más avanzado, y su violencia sólo era comparable a la de una bestia hambrienta.

La puerta del garaje estaba situada a unos 4 metros de las escaleras y a unos 2 metros del portal, te juro que jamás he sentido tanto pánico. Como pude, abrí la puerta que me conduciría al garaje, mientras bajaba las escaleras que me dirigían al mismo, dejé de escuchar los golpes. Apreté la llave de mi León para que abriese las puertas, tiré todo en los asientos de atrás e introduje la llave en el contacto. Recé porque el coche me arrancase, pues ya hacía semanas que no lo movía. Cuando giré la llave, el motor empezó a toser un poco sin arrancar. Pensé en cómo pude ser tan estúpido de no haberlo arrancado ni un solo día, pero tal cual pasaba este pensamiento por mi cabeza, el León arrancó como un animal furioso. Abrí la puerta del garaje, y vi, como ese zombi maniaco se dirigía corriendo hacia mí. Sentí muchísimo terror, pero la propia adrenalina me hizo arrancar de golpe y me dirigí embalado hacia él. Recordé que mi coche en ese momento, era mi único seguro de vida y que no podía jugármela atropeyándolo, pues si bien podría acabar con él, también es posible que reventase el radiador del coche y con eso haber firmado mi sentencia de muerte. Cuando estuve a menos de 2 metros de él, giré el volante hacia el lado izquierdo, lo golpeé con mi retrovisor derecho y la aleta izquierda del león contra la pared del garaje pero pude salir. 

Decidí volver al pueblo de mi novia, ya que la otra vez, no había visto nada ni nadie. Afortunadamente, en la guantera del León, llevaba las llaves de su casa, pues muchas veces nos íbamos con mi coche a pasar algunas noches y ya teníamos por costumbre dejarlas allí. Por suerte no tuve percances en el camino y todo estuvo tranquilo. El pueblo, es de esos que adoptaron la genial idea de hacer una conexión wifi para todos los vecinos, pese a la oposición de las telefónicas que ya no podían hacer negocio allí. Gracias a esa medida puedo volver a escribir y como puedes comprobar, el servidor funciona correctamente.

Como te decía más arriba, aún estoy ordenando mis ideas, he escuchado una serie de mensajes en el contestador que, sumado a la información que encontré en internet, ha creado en mí un cúmulo de datos que en este momento no te puedo explicar. Ahora respiro en paz, en breves te contaré cuanto sé, pero como te digo, necesito ordenar un poco más mis ideas para podértelo explicar. Escribe pronto.

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