Diario Zombi

- El nuevo diario zombi -

miércoles, 24 de agosto de 2011

Capítulo 42 - El Apache (Miguel)

Día 165 (tarde): Nunca le había tenido miedo a la muerte hasta ahora. Siempre la había concebido como una liberación de la vida, pero yo no quería morir en ese momento y menos de esa manera. 50 metros. Podía observar como por el espejo retrovisor, más de una docena de zombis de fase 2 corrían hacia mí mientras cientos de los de fase 1 se agolpaban avanzando a paso lento aún a esos 300 metros. Ya casi podía ver sus ojos llenos de ira posarse en mí. No tenía armas con las que defenderme y el miedo me tenía agarrotado. 

Posiblemente de no estar aturdido por el golpe y si el miedo no me hubiese bloqueado, podría haber salido de esa situación... pero no era el caso. 25 metros. Mi vida pasaba ante mis llorosos ojos, de manera casi instintiva, pese al agarrotamiento, trataba de encender un coche que ya estaba como esos seres, muerto. De repente, una fuerte explosión desplazó mi coche unos centímetros. Pensé que había estallado el motor ante mis sucesivos intentos por arrancarlo hasta que nuevamente miré por el espejo retrovisor y vi como esos zombis que se aproximaban rápidamente a mi Seat León, ardían en llamas. No entendía nada.

Un ruido ensordecedor de helicóptero irrumpió en el ambiente y como si de una aparición divina se tratase, un enorme helicóptero de combate se posó frente a mí, sobre el zombi que instantes antes había arrollado. Salí de mi ensimismamiento, abracé a Gara que aún estaba atontada por el golpe, aparté el airbag y salí corriendo de mi coche como un loco para dirigirme hacia el helicóptero. Pude identificarlo como un Apache (es lo que tiene jugar a videojuegos) que lucía una majestuosa bandera de los Estados Unidos en el portón... No tenía sentido, pensé. 

Dentro tan solo estaba el piloto, un tipo grande de raza negra que abrió el portón desde dentro y que gesticulaba con prisa para que me subiera. Jamás pensé lo pequeños que son estos cacharros por dentro y la de controles que tienen. Tuve mucha suerte de que sólo fuera el piloto, aquí no más hay espacio para dos personas, y bueno, por suerte para Gara, ella es una perra de tamaño mediado y cabía perfectamente sobre mis piernas. Una vez dentro, el piloto me preguntó, en un marcado acento yanki que si estaba bien, - Are you OK? - dijo con su profunda voz, yo que aún no sabía lo que estaba pasando me limité a asentir.

Como decía antes, a veces la vida recompensa a quien no se lo merece y el karma no existe... Tampoco es cierto del todo, si en su momento me hubiese tomado en serio aprender inglés, el karma me hubiese recompensado manteniendo una reconfortante conversación con el primer ser humano que me había encontrado en meses, y formularle decenas de preguntas que asaltaban mi cabeza en ese momento en vez de asentir como un bobo.

Zaragoza desde las alturas es increíble, pero más increíble fue descubrir una plaza del Pilar plagada de zombis, devotos en vida, supongo. Qué ironía que su Dios les haya permitido acabar así.

Me hubiese gustado darle las gracias al piloto, a mi salvador, y preguntarle hacia dónde nos dirigíamos, pero había mucho ruido dentro de ese helicóptero, no encontraba los cascos y tampoco atinaba con la construcción gramatical...

Parece que tengo visita. En cuanto pueda sigo.

Capítulo 41 - Gran Casa (Miguel)

Día 164 (madrugada): Lo reconozco, el comer todo el día alimentos deshidratados, viajar sin saber dónde ir y el profundo sentimiento de miedo y soledad, pese a Gara, me hicieron cometer una de las mayores estupideces de mi vida. Es curioso, nos han hecho creer que cuando haces las cosas bien, el karma se porta y te recompensa (como en la serie televisiva "Me llamo Earl") y cuando las haces mal, te castiga... ¡Y una mierda! Antes de que sucediera todo esto, yo no era precisamente un príncipe azul con las mujeres, y pese a todo, el karma me recompensó con Sofía, una chica guapa, lista y con esa pose que sólo la gente con elegancia natural tiene, los hijos de puta que llevaron el país a la crisis (políticos, banqueros, pícaros, etc.) nunca pagaron por ello (bueno, igual ahora son zombis) y por el contrario, me esforcé en los estudios, cursando mi carrera, másteres, cursos, etc. y sólo conseguí mierdas de trabajos y estar en el paro, hasta que al final decidí hacerme autónomo (con todas sus dificultades) y montármelo por mi cuenta, a mi buena ventura y suerte, y más en un país donde no se apoya a las pequeñas empresas. En fin, pues nuevamente lo corroboro, eso del karma es un invento para controlar a las masas... como la religión. A veces cuando haces las cosas mal, el destino también te recompensa.

Como decía antes, la sensación de soledad, terror y la porquería de comida (y me burlaba del McDonalds), me hicieron llegar a un punto en el que esperaba tener una vida corta y poco dolorosa, porque si ésto es lo que tenía que vivir, prefiería morir, así que con ese pensamiento decidí dirigirme a Zaragoza, concretamente al punto seguro. Con un cuarto de depósito en el coche, pues úlimamente en las gasolineras apenas quedaban litros en los surtidures (¿quién coño se la lleva? ¡Si sólo hay muertos vivientes!) y con mi compañera Gara haciendo de copiloto (me encanta ver sus barbas de Schnauzer flotando en el aire), me dirigí a las instalaciones de la Expo (punto seguro). Zaragoza es una ciudad que con los años ha cambiado mucho, sé que más de uno pensará que como todas, pero no, Zaragoza en concreto ha pasado de ser una plaza de España con cuatro calles y una iglesia, a ser un gigante que la sitúa en la quinta ciudad más grande del país, con sus ventajas e inconvenientes. Sus ventajas son los accesos, como los cinturones que hicieron hace ya unos 15 años (con una tala indiscriminada de árboles en los "Pinares de Venecia", he de añadir) y sus inconvenientes, a más tamaño, más zombis. Por suerte, para llegar a las instalaciones de la Expo desde la carretera de Huesca, se accede por calles muy anchas y sin tener que recorrer grandes distancias (en coche claro).
Cuando estaba apunto de llegar a Zaragoza, un escalofrío recorrió mi cuerpo, pensaba; - Joder, me fui de aquí por algo, ¿por qué vuelvo?... por no hablar de ese puto zombi de fase 2 que me persiguió por dentro del garaje y con el que aún tengo pesadillas - Tan concentrado estaba en mis pensamientos que no me di cuenta de que apenas eran las 19.00 h y ya estaba llegando a Zaragoza, a lo lejos se veía la Basílica del Pilar (nuestro orgullo maño) envuelta en una tétrica neblizna, seguramente producida por la evaporación del río Ebro debido a las altísimas temperaturas que registra Zaragoza en agosto. En fin, el panorama era desolador, no sé por qué, pensé en ir a ponerle velas a la virgen para que me protegiese, yo no creo que en estas cosas, pero llegados a este punto... además, seguramente la pobre *Pilarica estaría custodiada por un sacerdote zombi deseoso de darme la comunión a su manera.

Cuando atravesando la carretera llegué al barrio Actur, detuve el coche para analizar un poco la situación. Miré en todas las direcciones y no vi nada, pero decidí ir con cautela, si me apareciese una de esas cosas y perdiera mi coche, me sería imposible escapar en esas gigantes y desoladas calles, en las que es casi imposible darle esquinazo a un voraz depredador. El problema añadido era que el Actur es un barrio muy grande y por tanto con muchos zombis en potencia. Tenía dos posibles caminos para llegar al punto seguro, por la avenida Ranillas en la rivera del Ebro o por la avenida María Zambrano, con la calle Ruiz Picaso pasando por los centros comerciales Gran Casa y Carrefour. Aún no sé cómo coño me salió el lado friki y decidí pasar cerca de los centros comerciales, me imagino que algo en mi interior quería ver si era como en la peli "El amanecer de los muertos" o como en el videojuego "Dead Rising", porque de los dos caminos, el más correcto era el de la rivera, pero en fin, tenía que verlo, tenía que ver un puto centro comercial plagado de zombis.

A veces creo que no pienso las cosas... cuando estaba con el coche encarado hacia el centro comercial Gran Casa, me pareció oír a lo lejos un murmullo, pero pese a todo, acallé a mi adormecido instinto de supervivencia y seguí mi camino. Lo que a continuación vi me hizo caer de nuevo en la realidad. Cientos, ¡qué coño! miles de zombis entraban y salían por las puertas (rotas) del centro comercial Gran Casa (lo de "Gran" sin duda era por algo), ¡joder! puto consumismo, los zombis guardaban recuerdos de su actividad consumista y se agolpaban a miles en el centro comercial. Según observaba embobado el dantesco panorama, como si la cosa no fuera conmigo, iba dejando Gran Casa a la izquierda, hasta que un fuerte ladrido de Gara me quitó el embobamiento y me hizo dar un fuerte frenazo. En mis putas narices estaba plantado un zombi, lamentablemente no me dio tiempo a frenar, haciendo que el coche lo lanzase varios metros por delante nuestro y que la pobre Gara se estampase contra el incipiente airbag que cegaba mi horrible situación. 

Esos miles de zombis consumistas se daban la alerta los unos a los otros y se dirigían a mi encuentro... ¡Algunos venían corriendo! Ni en la peor de mis pesadillas podría haber imaginado nada igual. Los debía tener a unos 300 metros. El León ya no arrancaba, mi fiel compañero de viaje jadeaba como un anciano al girar la llave. 200 metros y el zombi que había atropellado se estaba reincorporando. Gara estaba atontada por el golpe. Por vez primera, supe lo que era el verdadero terror, por mí mente pasaban esas escenas de películas protagonizadas por Bruce Willis, Swarzeneger o Mel Gibson, en las que sabían en todo momento cómo actuar en las peores situaciones sin mostrar pánico en su rostro... ¡Y una mierda estarían así en una situación como ésta! El pánico te bloquea e incluso te hace huír dejando atrás a tus seres queridos, el instinto de supervivencia es a veces muy cobarde, pero eso es ser humano. Mi instinto como decía antes, debía estar dormido porque mi cuerpo estaba bloqueado por el terror. 100 metros, ¡Dios mío! No sabía qué hacer... 

De pensarlo se me ponen los pelos de punta, es tarde y necesito descansar, en cuanto pueda sigo contando mi dantesca historia.

*Una forma cariñosa de llamar a la virgen del Pilar en Zaragoza.

sábado, 6 de agosto de 2011

Capítulo 40 - La gran evasión (Miguel)

Día 146 (tarde): Lo reconozco, esto lo vi en un episodio de "The walking dead". A eso de las 6 de la mañana, la situación empezaba a ser insostenible. Uno de ellos golpeaba la puerta con gran severidad, por momentos pensé que la echaría abajo, hasta que de repente los golpes cedieron. Una fuerte tormenta había estallado y el sonido había peturbado a los zombis. Me asomé a través de las rejillas y vi como ellos miraban hacia la salida atónitos, tan absorto estaba en mis pensamientos visualizando que tal vez ese era el momento de escapar, que no me di cuenta que me había apoyado en el mango de la puerta, cuando de repente uno de ellos, el que seguramente no paraba de aporrear la puerta, me vió, con sus ojos inyectados en sangre a través de las rejillas y se abalanzó hacia la puerta, haciendo que ésta cediese. Todo sucedió muy rápido, Gara se avalanzó hacia él y empezó a tirar de su pantalón, lo que me dio tiempo a alcanzar un destornillador que había sobre la mesa. El zombi, no podía librarse de ella, otra vez la suerte estaba de mi parte, éste era demasiado torpe. Con el destornillador me avalancé sobre él y le atravesé el ojo, hasta que creo, llegué al cerebro y éste cayó muerto. Cerré la puerta y en fin...

Lo que a continuación sucedió es el resultado de agudizar el ingenio con la supervivencia y el haber visto muchas pelis de zombis, en cocreto la serie de "The walking dead". Como no sabía cómo salir vivo de esa situación, decidí despellejar al zombi, cubrí a Gara y a mí con sus restos (tendríais que ver la cara que me ponía la pobre) y siempre teniendo cuidado de no poner restos sobre una herida abierta y salir y rezar porque el olor a muerto nos confundiese con el resto. El plan funcionó a la perfección hasta que alcanzamos la salida. Teníamos menos de un minuto para llegar al coche antes de que la tormenta nos limpiase el hedor a muerto y los zombis nos detectasen.

Con mucho cuidado fui pasando al lado de ellos, algunos me miraban y olisqueaban, por suerte Gara, que iba pegada a mí, no les llamaba la atención, pero fue alcanzar la puerta y caer las primeras gotas sobre nosotros, y ver como un zombi de fase 2 que nos seguía con la vista desde hacía rato, se percató del engañó y corrió como un loco hacia nosotros. Pegó un grito tremendo que alertó al resto. Nos despojamos de los restos de muerto y corrimos como alma que lleva el diablo hacia el coche. Si mi pobre León no llega a arrancar a la primera creo que ahora mismo no lo estaría contando.

En fin, ahora estoy en una gasolinera repostando y cogiendo víveres. Por suerte estas carreteras secundarias nunca han sido muy frecuentadas y no me he encontrado con ninguna sorpresa. No sé dónde dirigirme.

Espero noticias de alguien.

Capítulo 39 - Acorralado (Miguel)

Día 146 (madrugada): De no ser por Gara ya habría muerto, aún no sé cómo no los he visto venir. Estaba recogiendo mis cosas en un pequeño almacén improvisado como cuarto, cuando Gara se ha puesto a gruñir, pero yo estaba escuchando música con mi Mp3 y no le prestaba atención. En una de esas me ha empezado a dar con la pata y a ladrar, me he quitado los auricuales y ha continuado ladrando a la par que gruñía y lloraba. No he necesitado más señales para darme por aludido del peligro. El problema es que este almacén, que es en realidad un pequeño compartimento de la nave, está situado justo al final de la misma y no tiene ninguna ventana de salida, es más, con la puerta cerrada sólo puedo ver a través de unas pequeñas rejas lo que sucede allí fuera.

He tratado de salir pero cuando estaba apunto de hacerlo he observado como docenas de ellos entraban, algunos corriendo... madre mía la que se ha liado, tengo a zombis de fase 2 correteando por la vieja fábrica. Uno de ellos me ha visto mientras trataba de agacharme y esconderme y como no, ha alertado a los otros. Ahora estoy encerrado en este viejo almacén, con Gara y por suerte, con todas las reservas de comida y armas, bueno armas, por llamarlas de algún modo. No tengo ni una triste pistola, que por otro lado, de poco me serviría entre tanto zombi.

Los zombis golpean de manera violenta la puerta, la arañan y gritan, es epeluznante. Posiblemente este sea mi fin... no sé qué hacer, si sacrificar a Gara y suicidarme o simplemente suicidarme y dejar a Gara que se busque la vida cuando salga de aquí, no lo sé. No sé qué es lo más humano...

Me viene a la mente esa frase que reza; "No te tomes tan en serio la vida, al fin y al cabo, no saldrás vivo de ella". Joder, siempre me la tomé como algo simbólico, no literal. En fin, me tiemblan las manos y apenas atino con las teclas, si vuelvo a escribir otro día, será una buena señal, de no ser así, uff, nunca he pensado en hacer una carta de despedida, sólo decir que echo de menos a mis seres queridos, que sigo opinando que el mundo es una mierda (más aún) y que nunca me ha aportado nada, al igual que yo tampoco a él, por lo que mi muerte no será una gran pérdida, pero mi pequeña compañera no se merece este final... si se me ocurriera una manera de salir de aquí...

Ya veremos, nos vemos (aquí o en la otra vida).

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