Diario Zombi

- El nuevo diario zombi -

lunes, 23 de mayo de 2011

Capítulo 29 - Una salida precipitada (Miguel)

Día 70 (mañana): ¡Cuántos días sin escribir! Alberto, me alegra mucho abrir el blog y ver que estás ahí. Entiendo que no hayas escrito y lo que has hecho estos días, es normal, ¡necesitamos sentirnos personas! Agradezco tu interés en ir a buscar a mi chica, pero es como buscar una aguja en un pajar y creo que debo ser yo quien vaya. Te voy a contar un poco lo que me ha pasado estas dos últimas semanas.

Al final, como dije, he tenido que irme del pueblo. No he escrito antes porque de veras, es imposible cargar de electricidad el portátil. Ayer, cuando estaba recogiendo las cosas para irme, me encontraba dejando las cosas en el maletero cuando de repente escuché un fuerte grito. De nuevo, como hacía muchos días que no me pasaba, un escalofrío recorrió mi cuerpo y me quedé paralizado unos instantes, cuando vi como una de esas cosas me había visto a lo lejos y se dirigía hacia mí corriendo... ¡Habían llegado! 

Bueno, igual era alguien del pueblo transformado. La cuestión es que me lo estaba imaginando pero no me lo quería creer, después de escuchar los mensajes en el contestador y de ver que todo estaba tranquilo por aquí, no quería aceptarlo, necesitaba pensar que eso no me afectaba, pero claro, tampoco habían habitantes ni animales y eso también daba que pensar, igual se estaban transformando... por cierto ¿hay perros o vacas zombi? Casi prefiero no saberlo. La noche de antes de irme, mientras ordenaba mis cosas, me pareció escuchar como un grito, pero supongo que mi instinto de supervivencia anulado por la esperanza de hallar un sitio con paz, no quiso aceptar ese grito como tal y quise pensar que me lo había imaginado. Afortunadamente ya tenía clara la decisión de que me iba a ir, porque la verdad, no sé si ahora mismo estaría vivo. Si uno de ellos ya sabía de mi ubicación, pronto serían más y cuando me quisiera dar cuenta, estaría rodeado.

Como te he dicho, uno de ellos se dirigía corriendo hacia mí, ¡tenía que ser uno de fase 2! Pues no se desplazaba de manera torpe, todo lo contrario, corría y mucho. Acabé de meter las cosas como pude en el maletero, lo cerré de golpe y arranqué mi coche. Lo tenía aparcado en dirección hacia mi depredador, lo cual hizo que no me diese cuenta de lo que se me echaba encima. No había aún pisado el acelerador cuando otro de ellos se chocó violentamente contra mi maletero, miré por el retrovisor asustado, y vi esos ojos blancos y sin vida, mirándome de manera violenta. El miedo se apoderaba de mí por momentos, traté de acelerar pero sólo logré que se me calase el coche. Me temblaban las piernas. El otro zombi, el que tenía delante, iba ganando terreno, si no reaccionaba pronto, en menos de un minuto tendría a los dos agolpando mi coche. Como pude, volví a arrancar mi León, metí la marcha atrás en un impulso instintivo, pues si iba hacia delante me chocaría contra el primero y destrozaría el coche. Completamente a ciegas, di marcha atrás hasta llegar a una bocacalle, giré, aceleré a todo gas, haciendo que el zombi que agolpaba mi luna trasera cayese y conseguí alejarme del otro. Esos demonios me estuvieron persiguiendo hasta que salí del pueblo, por el que, poco a poco, empezaban a asomar más y más zombis. ¿Por qué en ese momento y no antes?

Ahora mismo estoy en un hostal en mitad de la carretera de Castellón estudiando por dónde ir para llegar al valle de Ordesa con el menor riesgo posible. Aparentemente no hay nadie aquí, supongo que cuando se enteraron de la infección huyeron todos. Lo primero que he hecho tras una breve inspección, ha sido conectar el portátil y volver a dar signos de vida, pues necesitaba ver si tú habías escrito también, pero te he de dejar ya pues tengo que asegurar la zona.

Escribe pronto. No te imaginas la alegría que me ha dado volver a leerte. Me parece que tal y como van las cosas, con problemas de electricidad e internet, será más difícil escribir de continuo.

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