Diario Zombi

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domingo, 21 de abril de 2013

Capítulo 45 - El soldado Vasquez (Miguel)

Día 180 (Tarde): Tengo que reconocer que hasta hoy tenía una visión muy diferente del ejército, pensaba que era un régimen totalitarista donde la opinión de los soldados no contaba y donde ellos acataban órdenes sin cuestionar si era lo correcto o no, actuando como máquinas programadas, pero me equivocaba. En este grupo, batallón o como se les llame, se respiraba cierto ambiente familiar, donde soldados y oficiales reían bromas e intercambiaban conversaciones indiferentemente del rango, siempre con mucho respeto, eso sí, pero con cercanía. Entre los soldados había un latino, un soldado colombiano que atendía al nombre de José Vasquez, de mediana estatura, delgado, de tez morena, de unos 30 años, de carácter divertido y guasón, y con quien Gara y yo entablamos buena amistad. Al fin y al cabo yo hablaba inglés a lo indio y a la mayoría de soldados y oficiales les pasaba lo propio con el español, así que José y yo nos entendimos a la perfección.

Le pregunté que por qué decidió ingresar al ejército, y éste me contó que cuando tan sólo tenía 12 años, sus padres decidieron probar suerte en Florida, escapar de una pobreza que en aquel momento desolaba una buena parte de Colombia y volver a empezar. José pensaba que si EE.UU les había dado una nueva oportunidad en la vida, él debía devolverle el favor a los gringos defendiendo su país. Así, sin más, me parecía una buena razón y no quise profundizar más, así que le pedí que me contase cómo habían acabado ellos aquí.

José me contó que el día que estallaron las fábricas en EE.UU (fue una operación sincronizada a nivel mundial) un caos sembró el pánico entre la población civil y el ejército fue llamado para poner orden. Él se encontraba en Washington en ese momento y cuando salieron a la calle para ayudar a la gente, junto con policías, bomberos, médicos y enfermeros entre otros, se vieron atacados por cientos de individuos, que en ese momento no sabían que estaban infectados y la cosa se puso muy fea. Por lo visto el teniente les ordenó disparar contra toda aquella gente que no respondiera a razones y les atacase. Cuando todo acabó, las bajas de civiles se contaban por cientos, llamaron a su escuadrón a formar filas y les informaron que el caos era mundial y que el ejército de los EE.UU tenía que viajar por todo el mundo para luchar contra este nuevo mal. Nadie sabía lo que estaba pasando y apenas tuvieron tiempo de despedirse de sus seres queridos (los que los localizaron claro, como José) y al poco tiempo ya estaban desperdigados por todo el mundo. 

Yo no le quise revelar la información que tenía, pero algo me dice que como siempre y pese a ese ambiente fraternal, los de abajo no saben nada y me temo que los de arriba si saben algo, lo guardan con mucho recelo.

Estos días atrás he visto a más de un soldado nervioso, llevan mucho tiempo fuera de casa sin saber de sus seres queridos y mucho me temo que sienten que aquí no pintan nada y eso puede ser peligroso. Tengo que hablar con el Coronel Griffith.

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